Monasterio de San Blas, apuntes sobre su historia

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Por Fco. Javier Rojo Alique.

Aunque hoy en día apenas queden restos que den testimonio de ello, Villaviciosa de Tajuña acogió durante siglos a la comunidad religiosa más importante que ha existido en Brihuega y su comarca, el rico e influyente monasterio jerónimo de San Blas, propietario de terrenos, fincas y pueblos enteros del valle del Tajuña.

Los orígenes de este monasterio se remontan a la Edad Media, más en concreto al año 1347, cuando el arzobispo de Toledo, don Gil de Albornoz, decidió fundar una capilla dedicada a San Blas en Villaviciosa. Al año siguiente, el arzobispo edificó junto a dicha capilla un claustro y erigió allí un monasterio, que fue encomendado a una comunidad de canónigos regulares de San Agustín.

Sin embargo, los primeros pobladores del monasterio de San Blas no se debieron caracterizar por su vida edificante. En vista de las quejas que le habían enviado los vecinos de Villaviciosa, en 1395 el arzobispo de Toledo, don Pedro Tenorio, encomendó al obispo de Sigüenza que efectuase una visita canónica a la comunidad religiosa. Sobre el terreno, el prelado seguntino pudo comprobar en efecto el “mal exemplo” que estaban dando los canónigos regulares. Por ello se decidió su reemplazo por religiosos de la nueva Orden de San Jerónimo, que tenía su cabeza no muy lejos de allí, en el monasterio de San Bartolomé de Lupiana. La  elección de esta nueva orden no fue casual. Por aquellos años, los frailes jerónimos se encontraban a la vanguardia del movimiento de reforma de las órdenes religiosas por su forma de vida penitente y alejada de los grandes núcleos de población, centrada sobre todo en la práctica del culto litúrgico, de la contemplación y del trabajo.

De esta manera, en 1396 se instalaron en Villaviciosa seis religiosos de San Jerónimo procedentes de Lupiana. Su primer prior fue uno de los fundadores de la Orden, fray Pedro Román, que permaneció en el cargo unos diez años, en los que la nueva comunidad religiosa se fue consolidando gracias a la ayuda del arzobispo de Toledo y del Pontificado, y a la protección del almirante don Diego Hurtado de Mendoza, quien consiguió para el citado monasterio diversas ayudas de la Corona castellana. Las gentes de la comarca también hicieron a la comunidad de San Blas beneficiaria de importantes donaciones y limosnas, que la convirtieron en muy poco tiempo en dueña de un gran patrimonio. En 1409, los jerónimos tenían propiedades en Villaviciosa, Brihuega, Bienbimbre, Castillo, Ranera y Malacuera. Unas décadas más tarde, eran incluso los dueños de pequeños núcleos de población como Palazuelos, Cívica, Covatillas, Serreñuela, Yela y la Hoz.Portada del monasterio  (Fotografía procedente de la página "Los Escritos de Herrera Casado")

El convento de San Blas se fue así convirtiendo en una verdadera potencia económica, capaz incluso de ayudar económicamente a la Corona durante los reinados de Carlos I y Felipe II. La influencia y vitalidad de esta comunidad religiosa iría progresivamente en aumento. Una prueba de ello la podemos encontrar en la fundación en Brihuega de un monasterio de monjas jerónimas en el año 1564.

Pocos datos más nos han llegado sobre la Historia de los jerónimos de Villaviciosa. Conocemos los nombres de algunos de sus religiosos que destacaron por desempeñar cargos importantes dentro de su Orden o por su fama de santidad. Sabemos además que su monasterio contaba con una rica colección de retablos, pinturas, esculturas, códices y manuscritos, y que los techos de algunas de sus dependencias estaban decorados con ricos artesonados mudéjares, que databan de la Edad Media. Las construcciones conventuales experimentaron diversas ampliaciones y reformas, como atestigua su hermosa puerta de entrada al convento construida en el siglo XVIII y que aún se conserva.

En el año 1835 el ministro Mendizábal puso en marcha la tan conocida Desamortización, un proceso por el que el Estado ordenó la disolución de aquellas comunidades religiosas no dedicadas a la beneficencia, a la vez que les expropió todos sus bienes. En cumplimiento de estos decretos desapareció, entre otros muchos, el convento de San Blas de Villaviciosa. En 1843, su iglesia y las demás dependencias conventuales fueron vendidas a un particular. Poco a poco el monasterio fue cayendo en el olvido, y hoy sólo quedan del mismo algunos muros derruidos, parte de la torre y la puerta de entrada. Exiguos testimonios que siguen, sin embargo, recordándonos que durante siglos en Villaviciosa de Tajuña existió una importante e influyente comunidad religiosa, que merece ser recordada.


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