Las primeras Ferias de Brihuega

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El pasado mes de octubre los briocenses volvieron a celebrar sus Ferias de otoño. Estos festejos son el último testimonio que queda de una larga tradición de celebración de ferias en nuestro pueblo, que se remonta a principios del siglo XIII. En el presente artículo se describe cómo durante la Edad Media Brihuega acogió algunas de las ferias más antiguas de toda Castilla, que además se encontraron durante muchos años entre las más importantes de la Meseta Sur.

Las ferias constituían los grandes centros de intercambio comercial en la Europa de la Edad Media. Se trataba de mercados de carácter anual, que se celebraban en localidades importantes y estratégicamente situadas durante varios días, coincidiendo por lo general con una importante festividad religiosa. Allí podían realizarse operaciones de comercio al por mayor y se podían comprar y vender artículos que habitualmente no se encontraban en los mercados locales.

Por tal motivo las ferias atraían a gentes procedentes de lugares muy diversos y constituían una importante fuente de riqueza para las poblaciones que las acogían. La presencia de numeroso público y de dinero en abundancia facilitaba que las ferias constituyesen también un espacio para la fiesta y la diversión.

Durante los siglos XII y XIII los monarcas de Castilla y León fomentaron la creación de ferias por todo su reino, y en especial en aquellas regiones más necesitadas de población y donde se veía necesario estimular el desarrollo de la actividad económica. Una de esas regiones era el antiguo reino de Toledo, recientemente conquistado a los musulmanes. Allí se vio la concesión de ferias como una posibilidad de fomentar el desarrollo de poblaciones de importancia menor o intermedia. La celebración de estos mercados anuales podía facilitar además las relaciones de las gentes de estos territorios con las de las tierras castellanas situadas al norte del Sistema Central, que por aquel entonces constituían las áreas más pobladas y ricas del reino.

Las primeras poblaciones del antiguo reino toledano que se beneficiaron de la concesión de ferias fueron Alcalá de Henares y Brihuega. En el año 1215 nuestro pueblo consiguió el permiso de los monarcas castellanos para poder celebrar ferias, con las mismas condiciones y privilegios que las de Alcalá. Desde ese momento, durante la Edad Media cada año se celebraron en Brihuega dos ferias: la primera de ellas, que duraba treinta días, tenía lugar a finales de junio, coincidiendo con las festividades de San Juan y San Pedro; la segunda se celebraba poco después de la fiesta de Todos los Santos, entre los días 5 y 18 de noviembre. Estas ferias, que contaban con la protección de la Corona, tuvieron un éxito muy considerable y debieron proporcionar importantes rendimientos económicos, de los que también se beneficiaron la hacienda real y la de los arzobispos toledanos, señores de ambas villas.

Hasta bien entrado el siglo XIV, el éxito económico de las ferias de Alcalá y de Brihuega facilitó que siguieran recibiendo protección de los monarcas castellanos frente a los intentos de competencia o perturbación de otras que habían ido surgiendo en la zona, en lugares como Pareja, Almoguera, Fuentelancina, Zorita o Guadalajara. Así, en 1254 el rey Alfonso X se dirigía en una carta a todos los concejos del reino para prohibir que nadie osara “volver la fer, nin de facer entuerto” en las ferias de Brihuega ni Alcalá de Henares. Dicho documento se escribió justo al día siguiente de que se hubieran producido algunos desórdenes durante la celebración de la feria briocense, de los que aún se conserva el recuerdo en la documentación.

En 1294 Sancho IV de Castilla reiteraba la prohibición que existía de tomar, en época de ferias, “prendas” a los mercaderes por cualquier deuda que hubiesen contraído. Así se respetaba uno de los privilegios más importantes que tenían las ferias de Brihuega y de Alcalá.

En 1305 el rey Fernando IV impidió que otras ferias cercanas, seguramente las de Guadalajara, cambiasen sus fechas de celebración con perjuicio para las briocenses. Se prohibió además que se celebrasen ferias en aquella región un mes antes o después que las de Brihuega y Alcalá.

Pero la competencia a las antiguas ferias de Brihuega y de Alcalá de Henares se fue haciendo cada vez mayor a medida que avanzaban los años. En el año 1318, y nuevamente en 1334, el rey Alfonso XI tuvo que recordar la prohibición de celebrar ferias y “ayuntamientos” paralelos a las de dichas poblaciones, sin que al parecer se le hiciera mucho caso. Nada pudo impedir que a partir de ese momento las ferias briocenses fueran perdiendo poco a poco su antiguo esplendor.

Como ha ocurrido en otros muchos lugares, en nuestros días lo único que se conserva de las antiguas ferias de Brihuega son sus elementos festivos. Su importante papel económico hace tiempo que cayó en el olvido. Por tal motivo hemos visto de interés dedicarle hoy estas líneas.

Fco. Javier Rojo Alique
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