El abastecimiento de aguas en Brihuega

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Por J. A. Arenas Domingo

El 14 de julio de 1961 se inaguró en Brihuega el abastecimiento de agua potable, poniendo en funcionamiento la fuente del Jardinillo previamente conectada a la red.

Primer depósito de agua construido en Brihuega en 1960

Es evidente que desde los más remotos asentamientos la población se abastecía directamente de los manantiales y arroyos, sin ninguna alteración de éstos, transportando agua a sus cabañas mediante la utilización de vasijas. Las necesidades entonces eran mínimas, limitándose probablemente a tener en el hogar el agua necesaria para el consumo de boca, ya que para la higiene personal, lavar o fregar, ya estaban el campo, los arroyos y el río.

Con el tiempo, y conforme crecía la población, se iría organizando y formando el poblado, al tiempo que aparecería una mínima e incipiente “urbanización”. Sería entonces cuando el agua de los manantiales se encauzó mediante canalizaciones o calzadizos para llevarla, aprovechando el desnivel, hasta lugares más accesibles y cómodos.

Con estos “viajes de agua” fueron apareciendo las primeras fuentes y abrevaderos, con caños y pilones labrados en piedra. Este sistema, utilizado ya desde épocas remotas, se perfeccionó durante la dominación musulmana, y en Brihuega, con una considerable población de este origen, no faltarían expertos en realizar obras hidráulicas de este tipo.

En el Fuero de Brihuega de 1242 otorgado por el Arzobispo D. Rodrigo Ximénez de Rada se recogen, entre otras muchas normas, las de utilización de los baños públicos, abastecidos con agua de manantiales. Es conocida la ubicación del Albendiego, un nacimiento de agua que aún existe en la parte baja de Cozagón, del que según la tradición, se suministraba la población judía para sus baños. En algún escrito antiguo se dice que muy cerca de allí hubo también unas pozas con agua a las que llamaban el baño de Santa Casilda.

 Esta modalidad de abastecimiento perduraría, sin grandes cambios, durante siglos, si bien es presumible que los primitivos calzadizos hechos con piedras fueran sustituidos en épocas posteriores por tubos de arcilla cocidos en alfares, plomo u otros materiales, conforme avanzaban los tiempos. Un periódico quincenal que se publicaba en 1906, EL BRIOCENSE, daba como noticia la sustitución del arcaduz de barro por tubos de hierro fundido en la conducción que, desde la plaza del Tinte, llevaba agua a las fuentes de Santa María, del Coso y el matadero.

Seguramente fue a mediados del siglo XVIII cuando, al establecer Fernando VI la Real Fábrica en Brihuega y potenciarla después Carlos III, creció la población y mejoró en general su calidad de vida. Algunas familias pudientes hicieron llegar el agua a sus casas, en ocasiones de manantiales considerados propios, mediante conductos que les permitió disponer de fuentes en sus viviendas. Algunos la elevarían a pequeños depósitos y dependencias más altas con bombas accionadas a mano, las típicas bombas de aspiración o émbolo. Este artilugio sería en muchos casos sustituido por la bomba de motor eléctrico cuando, a comienzos del siglo XX, se dispuso de energía procedente de la recién construida “fábrica de la luz”. Esta pequeña central eléctrica, hoy en desuso y completa ruina, estuvo situada cerca de la Peña de la Hoz, y aprovechaba un salto artificial de agua derivada del Tajuña

Quedan aun bastantes edificios construidos en el último tercio del siglo XIX, que disponían de agua por el mismo procedimiento descrito. Eran casas sólidamente construidas, modernas para su época, y miradas con envidia por el resto de los vecinos, que no disponían de tales comodidades.

Sin embargo, y hasta bien entrado el siglo XX, la inmensa mayoría de la gente, al no disponer de agua en sus viviendas, seguía frecuentando las fuentes públicas y lavaderos. El lavadero que existe a espaldas de la fuente Blanquina, construido sobre otro viejo y arruinado que llamaban La Boquera, lo inauguraron en diciembre de 1905, aunque entonces no estaba cubierto.

También se utilizaron para lavar hasta los años sesenta “los pilancos”, situados junto a la Eras del Agua, que no era sino un arroyo que surgía en el barranco de Valdeatienza, canalizado y acondicionado para dichos menesteres.

Estos eran los lugares habituales para lavar la ropa o fregar la cacharrería de cocina, y en muchos aspectos el corazón del pueblo.

Finalizada la guerra civil y mediada la década de los 40 y principios de los 50, comienzan a construirse en Brihuega edificios nuevos, como fueron las casas para maestros, grupo escolar, cuartel de la Guardia Civil y un grupo de viviendas con dependencias para Correos, Telégrafos, Juzgados, Notaría, etc. A todos estos edificios, como a otros del pueblo, el agua les llegaba desde manantiales situados en zonas más altas. En el caso del cuartel, al estar a cota más elevada, el abastecimiento lo resolvieron mediante bombeo desde un pozo excavado en el patio de las nuevas escuelas, que era recogida en depósitos situados en una de sus torretas.

No es hasta septiembre de 1959 cuando dan fruto las gestiones iniciadas tiempo atrás para dotar al pueblo de una red de abastecimiento adecuada. En 1960, salvados los trámites necesarios como pedir préstamos, estudiar el proyecto, etc., se realizan sondeos para captar agua en la parte posterior de las escuelas, entonces campo abierto, instalando unas bombas. Comienza también la construcción de un depósito de unos 400 m3 en una era frente a la muralla de Carrahita, lugar que dominaba entonces todo el casco urbano.Abiertas zanjas en algunas calles, se tienden tuberías, y en muchas casas se realizan las acometidas.

Casi dos años mas tarde, con asistencia del gobernador civil de la provincia Pardo Gayoso, el entonces alcalde Antonio González y numerosos vecinos que rodean la fuente del Jardinillo, y una vez abierta la válvula de paso, surgió con fuerza el agua por el surtidor. Con numerosos aplausos quedó inaugurado oficialmente el abastecimiento de agua en Brihuega. Era la festividad de San Camilo, viernes 14 de julio de 1961.

En los años siguientes continuaron las obras, extendiendo la red por más calles y haciendo acometidas a las viviendas que aun no la tenían. Pronto surgieron los primeros problemas: con el aumento de la población y edificación de nuevas viviendas en esos años, el agua disponible resultaba insuficiente y faltaba presión en algunas casas, sobre todo en verano. Las restricciones y cortes de suministro obligan a buscar nuevos recursos.

En las dos depresiones naturales que confluyen en el pueblo, Quiñoneros y Valdeatienza, los sondeos realizados no dieron resultados aceptables, y aunque desde el primero de ellos se llevó al depósito existente algún caudal sustraído de la fuente, los problemas continuaron. (Cuando mediado el siglo XVIII construyeron la Real Fábrica de paños de Carlos III, hicieron llegar agua desde Valdeatienza mediante una tubería por gravedad. Este caudal pasó a engrosar la red municipal cuando se hizo el depósito del cerro de la Horca).

Paradojas de la vida: en un pueblo rico en acuíferos, con fuentes que ofrecen por sus caños abundante agua, pródigo en manantiales y arroyos, el abastecimiento de la población era un problema.

Hacia 1969-70 a iniciativa municipal y por la Promotora Briocense, se trajo agua de la Boquilla, conducida por gravedad con tubería instalada por la ladera de Valdebruscos hasta el cerro de la Horca, donde se construyó un depósito de unos 1.000 m3. Sin embargo no es hasta 1979 cuando realmente se encuentra la solución para acabar con la precariedad del suministro.

Por esas fechas el Ayuntamiento decide realizar las obras de captación y bombeo desde el manantial de Fuencaliente, conectando la tubería de impulsión con el depósito construido pocos años antes. En las Eras del Agua se entuban todos los veneros y una vez concentradas las aguas en una arqueta, un grupo motobomba las impulsa también al nuevo depósito. Con estas actuaciones se completó la red de abastecimiento del pueblo, que funciona hasta hoy.

En 1992, debido a la creación del polígono industrial de El Alto y a la necesidad de dotarlo de agua potable, construyen un depósito de 250 m3 cercano al lugar donde el camino de la fuente Cagá allana a la planicie de la Alcarria. El agua llega hasta allí bombeada desde el depósito de Carrahita. Por falta de cota el suministro a las naves industriales ha de hacerse mediante otro bombeo.

También por esas fechas se construye un pequeño depósito junto a la fuente Blanquina, para alimentar la emblemática fuente. Fuente que, con sus doce caños, siempre fue caudalosa, pero que desde entonces da la impresión que mana con más alegría. Qué diría ahora si la viera aquel excursionista de 1895, redactor del semanario Flores y Abejas, que tras contemplar el borboteo de sus caños durante una gira al pueblo, dejara reflejado en las páginas de la revista con estas frases: “Si en vez de agua fuese quina, yo juro que la Blanquina haría rica a Brihuega ¡Caballeros lo que riega con doce caños la indina!”

Como medida de prevención, y por si en algún momento de sequía es necesario recurrir al gran caudal allí concentrado, se instala una bomba para enviar agua a los depósitos elevados y reforzar el suministro a la red.

Esta es, a grandes rasgos, la reseña de la evolución del abastecimiento de agua a esta población, desde los lejanos y difuminados tiempos del medievo hasta nuestros días.

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