Fuentes y manantiales de los campos de Brihuega (I)

Estándar
Por J. A. Arenas.-

Utilizadas asiduamente, algunas durante siglos, en las últimas décadas han sido abandonadas e incluso olvidadas, al no ser ya necesarias como lo fueron antaño.

Fuente Santa Ana

Surgieron en los albores de los tiempos, cuando las aguas subterráneas, tras abrirse paso por los intersticios de la tierra, afloraron al exterior dando vida a su entorno y formando el entramado de arroyos y ríos que, en última instancia, y como dijo el poeta “…van a dar a la mar”

Estos manantiales, una vez que el hombre dejó de ser trashumante y se asentó y apegó al terruño, fueron utilizados como algo vital para su subsistencia, haciéndolos accesibles, cuidándolos y adaptándolos a sus necesidades, algunas veces con no pocos esfuerzos. En la mayoría de los casos se construían conductos y calzadizos que llevara el preciado líquido a verter mediante caños a recipientes o pilones de los más diversos materiales, dando lugar a lo que conocemos como fuentes y abrevaderos Brihuega, desde que se tienen noticias escritas, siempre ha sido mencionada por la gran cantidad de manantiales y fuentes de que disfruta, no sólo en su casco urbano, sino también en sus alrededores. Dejando aparte las fuentes públicas y privadas que tanto abundan por sus calles, plazas y viviendas particulares, nos vamos a centrar hoy en las que mejor o peor conservadas se pueden encontrar diseminadas por los campos, junto a los caminos, en el fondo de los barrancos o aupadas a las laderas que delimitan la vega del Tajuña y vallejos aledaños.

En Brihuega una buena parte de su población estuvo siempre dedicada a la agricultura y la ganadería, que en mayor o menor medida proveía a sus gentes de los productos más necesarios para subsistir durante el año. Hasta mediado el pasado siglo en que la mecanización comenzó a llegar a los campos, los agricultores se veían obligados  obligados a pasar muchas horas del día y muchos días del año trabajando sus tierras, por lo que disponer de agua en las fuentes cercanas era prioritario. Lo mismo ocurría con los pastores y sus rebaños, que dependían igualmente de esos puntos de agua para saciar su sed.

Como es lógico, tanto el agricultor como el pastor eran los primeros interesados en que las fuentes y abrevaderos estuvieran en buen estado, siendo ellos los que más se esforzaban en conservarlas, limpiarlas y repararlas cuando era necesario. Por otra parte en tiempos pretéritos existían los llamados “días de hacendera”, en los cuales la población –sobre todo la que se dedicaba a la agricultura-, estaba obligada a realizar sin remuneración ciertos trabajos en beneficio del pueblo, entre ellos el mantenimiento y
conservación de caminos y fuentes.

Hoy en día, en que debido a los avances en la tecnología agrícola el labrador ha dejado de estar tanto tiempo atado a sus tierras, y que los rebaños y sus pastores han desaparecido casi por completo del paisaje, la suerte de aquellas fuentes ha sido muy dispar. Algunas permanecen todavía brindando su agua al que se acerca a ellas; en las más, ya no mana el agua, presentando sus caños rotos y sus pilones resquebrajados y secos.

Quisiera traer a estas páginas la reseña de algunas de ellas, aunque sea tan sólo como un pequeño homenaje al gran servicio que dieron o para que muchos de nuestros lectores sepan de su existencia y no caigan en total olvido.

FUENTE DE SAN LÁZARO

Fuente de San Lázaro

En la ladera izquierda del valle del Tajuña y prácticamente frente a Brihuega, se encuentra esta modesta fuente casi oculta por la vegetación 11 que surge en el barranco del mismo nombre. Está muy próxima al antiguo camino que arranca junto al puente Canto, trepa hasta la Alcarruela y llega a Pajares. Al parecer la denominación de “San Lázaro” se debe a la existencia en las inmediaciones, y hasta bien entrado el siglo XVIII, de una ermita dedicada a ese santo, de la que desde hace mucho tiempo no queda rastro alguno.Esta fuente consta de un tosco pilón hecho de piedras cogidas con mortero y un único caño. Hasta no hace muchos años disponía de un caudal de agua bastante regular que, al rebosar del pilón, formaba un regato que se perdía barranco abajo e incluso llegaba al río. Hoy en día el agua no sale ya por su caño, pues es derivada antes -¿con qué derecho?- y conducida a una finca cercana.

No hay inscripción alguna visible que pudiera indicarnos su fecha de construcción, aunque su antigüedad es evidente. Al estar próxima a un camino, rodeada de tierras de labor y de antiguos “tinaos”, debió de ser de gran utilidad en épocas pasadas. Hoy, falta de agua y sin potenciales usuarios, su destino es más bien incierto.

FUENTE DEL PRADO DE VALDELAMADERA

Fuente del prado de Valdelamadera

En el inicio de un vallejo que se forma cercano al antiguo camino de Villaviciosa, en un prado que de siempre ha tenido para los brihuegos connotaciones taurinas, -no en vano los toros del encierro de agosto han pasado por allí en muchas ocasiones- se encuentra esta fuente rodeada de juncos y zarzas.Lo que hoy podemos ver es una pequeña pila realizada en ladrillo y cemento, muy deteriorada, y un caño que ya no echa agua, pues el paso del tiempo y el abandono ha hecho que el agua salga por cualquier sitio menos por donde debiera. La junquera, que es espesa a su alrededor, casi la cubre por completo. Aun en época de estío el manantial que brota es aceptable, y sus dispersas aguas, tras deambular libres un tramo, son recogidas más abajo en un pequeño estanque situado en la cabecera de un huertecillo.

En el frontal de la fuente aún se puede leer –aunque con cierta dificultad- la fecha de 1958, probablemente la de su última restauración, ya que la de su construcción debió ser mucho antes.

Como curiosidad cabe decir que, al menos hasta mediado el siglo XVIII, en este prado de Valdelamadera existió una ermita de la que hoy no queda ningún vestigio. Estuvo bajo la advocación de Santa Quiteria, y no cabe duda que los romeros que acudieran
a ella saciarían su sed en la cercana fuente.

FUENTE DE SAN GIL

Fuente de San Gil

Esta minúscula fuentecilla, tan poca cosa que puede pasar desapercibida al caminante, se encuentra junto al camino de Fuencaliente, en el paraje de Valdelogroño y a la vista de la peña del Tolmo. Se nutre de un afloramiento de agua que surge en la ladera, justo en la trinchera que forma el camino.Un pequeño pilón ahuecado en piedra, desportillado y roto, recoge el agua que mana por el caño, que si bien proporciona un caudal exiguo, no se seca en ninguna época del año. Al quedar muy próxima la fuente de la Princesa, mucho más grande y caudalosa, y más adelante el abundante manantial de Fuencaliente, los caminantes que frecuentan la zona prefieren beber agua de ellas y no en la de San Gil, por lo que su abandono es progresivo. Menos mal que siempre surge una mano amiga que limpia la maleza que la ahoga y oculta, reparando los desperfectos ocasionados por el tiempo o algún desaprensivo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s