Fuentes y manantiales de los campos de Brihuega (II)

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Por J. A. Arenas.-

De siempre fueron lugares frecuentados por los pastores y sus rebaños, sobre todo en los calurosos días estivales

Cuando llegaba la época de la sementera, o de escardar las malas hierbas, o de segar y agavillar la mies; cuando agotado por las interminables horas de estar doblado tras el arado o segando; cuando llegaba el mediodía, ya fuera en las neblinosas y frías jornadas de otoño o en los tórridos días de verano, hombres y bestias buscaban la fuente o manantial más cercano para saciar su sed y descansar.

En el término de Brihuega, salvo en los llanos alcarreños, en los demás lugares es frecuente encontrar un manantial, una fuente, un aguazal donde la vegetación mantiene siempre su verdor gracias al milagro del agua. En cualquier barranco, vallejo u hondonada, y no digamos en las laderas que desde los altos bajan hasta el Tajuña, surge de trecho en trecho el preciado líquido.

Estos lugares fueron siempre muy visitados por los pastores y sus rebaños así como por los labradores con sus mulas y borricos. Escribo “fueron” y no “son”, ya que ahora el agricultor que trabaja el campo a lomos de su tractor no para en ellos, y los rebaños de ovejas o cabras son ya estampas bucólicas de otros tiempos. Son lugares que, por falta de concurrencia y uso, tienden muchos de ellos al abandono y al olvido.

Continuando con el trabajo iniciado en el número anterior, traigo a estas páginas la reseña de otras fuentes de nuestro entorno, algunas casi desconocidas y en trance de desaparecer, otras –por suerte- todavía dan agua y están en buen uso, por lo que aun se acerca a ellas algún cazador con sus perros o el senderista amigo de la naturaleza.

FUENTE URCONA

Fuente UrconaDando cara a poniente, en la ladera izquierda del valle del Tajuña, se encuentra esta fuente escondida entre zarzales y rodeada de olivos centenarios. No hay ningún camino ni senda que te conduzca a ella, y cuando tras subir campo a través llegas a encontrarla, ves con pena que está seca. Tal vez, en años muy lluviosos, salga algo de agua por su único caño y vuelva el pilón a servir de abrevadero a los animales silvestres, que no a yuntas y rebaños como en tiempos pasados.

El pilón, de piedra y argamasa, está adosado a unas peñas, y en el frente aún se puede ver una fecha arañada en el cemento: 1958. Según noticias que he podido obtener, fue en esa fecha cuando el antiguo propietario de las tierras circundantes reconstruyó la primitiva fuente, ya casi desaparecida, para poder así dar de beber a las bestias cuando iba a trabajar sus campos.

Como tantos otros, el manantial que dio origen a esta fuente hace tiempo que se secó, y sin querer ser pesimista, lo que queda de la fuente terminará por desaparecer y su nombre caerá en el olvido.

FUENTE DE LA SALUD

Fuente de la SaludEn la parte alta de “la veguilla” y arropada por unos olmos ahora secos por la grafiosis, encontramos un tosco pilón, no muy grande, hecho de piedras irregulares y argamasa. No hay ningún caño; por un lateral debió llegarle agua mediante alguna conducción que conectaba el manantial –aún manando, aunque se pierde unos metros más abajo- con la pila de la fuente propiamente dicha.

Es curioso el nombre que dieron los antiguos a esta fuente, ¿tendrían sus aguas propiedades curativas?, no lo sabemos, aunque al decir de la gente que la conoce no se sabe de nadie que haya sanado sus males bebiendo en ella.

Aunque está a tiro de piedra del camino que une la vega con el pontón del río Tajuña, como está pegada a un ribazo queda casi escondida para el caminante. Es de esas fuentes que cualquier día también desaparecerá, y en un par de generaciones se borre hasta su nombre de la memoria colectiva.

FUENTE DEL ALMUREJO

Fuente del AlmurejoA alguien, no se sabe quién ni cuando, se le ocurrió recoger las aguas que manaban en el barranco denominado del Almurejo, y construyó una fuente haciendo salir el agua encauzada por un caño a un pilón hecho con ladrillo. A escasos metros de la carretera que discurre paralela al río, junto al barranco impracticable lleno hoy de zarzas y juncos, podemos verla aún rodeada de carrizos que han llegado incluso a crecer en el aterrado pilón.

El nombre de almurejo o almorejo –de probable origen árabe- corresponde a una gramínea que crece silvestre en los campos. Tal vez el lugar se denomine así por que esta planta abunde en los alrededores.

Durante los años 50 y principios de los 60 del pasado siglo era muy conocida y visitada por los trabajadores que, andando o en bici, iban a trabajar a la desaparecida fábrica de Prona o volvían a Brihuega concluida la jornada. El agua fresca que ofrecía la fuente hacía más llevadero el camino. Pero esta parada dejó de producirse cuando el Huracán -que con este nombre era conocido el desvencijado autobús que llevaba y traía a los obreros de la fábrica- comenzó su servicio regular.Desde entonces, salvo algún pastor, nadie volvió a frecuentarla, y como el tiempo no pasa en balde, el caño dejó de manar agua, su pilón se fue aterrando, y la lluvia y el hielo van deshaciendo los ladrillos, faltos ya de la capa de cemento que los cubrió, por lo que mucho me temo que lo que queda de ella termine por desaparecer cubierta por la vegetación, engrosando la lista de las fuentes ignoradas por las nuevas generaciones.

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