Fuentes y manantiales de los campos de Brihuega (y III)

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Por J. A. Arenas.-

Durante siglos sus aguas fueron indispensables en la vida cotidiana de las gentes del campo. Hoy día muchas de ellas han desaparecido o están a punto de perderse.

El Tejar

En los tiempos en que Brihuega fue básicamente agrícola y ganadera, la vida de muchas de sus gentes pasaba irremisiblemente pegada al campo. Muchas horas al día y muchos días al año eran necesarios para que el labrador sacara adelante la escueta cosecha que le permitiera subsistir a él y a su familia.

Otro tanto podríamos decir de la vida del pastor, para el que, salvo un par de señaladas jornadas al año, no amanecía día que no sacara su rebaño del tinao en busca de la hierba con que alimentarlo, volviendo cuando el sol llegaba al ocaso.

El que estas gentes dispusieran de agua, tanto para ellos como para sus bestias, cerca de donde pasaban los interminables días en jornadas de sol a sol, y que los rebaños de ovejas o cabras encontraran abrevadero de trecho en trecho en su peregrinar tras la brizna de pasto, hizo posible que cualquier aguazal o manantial, por pequeño que fuese, se limpiara, se acondicionara y cuidara para ser utilizado de continuo, haciendo así más llevadera la dura tarea de aquellas gentes que vivían por y para el campo.

Aquellas fuentes y abrevaderos que surgieron junto a los primitivos manantiales, perduraron durante siglos hasta llegar a nosotros. Pero la introducción de maquinaria cada vez más sofi sticada en las faenas del campo, unido al abandono paulatino de tierras y a la casi desaparición de la ganadería en las últimas décadas, trajo también consigo su abandono y progresivo deterioro, estando muchas de ellas en trance de desaparecer.

Con este sucinto trabajo, continuación de otros publicados con anterioridad, pretendo traer a las páginas de Gentes de Brihuega la modesta reseña de algunas de esas fuentes que, en gran medida, contribuyeron a que nuestro pueblo y su entorno se conociera ayer y hoy como Jardín de la Alcarria.

Fuente de la rana

Fuente de la rana

En uno de los muchos barrancos o vallejos que arrancando de la planicie de la Alcarria se abren paso en busca del Tajuña, concretamente en el de Valdehita, a poco de iniciar su descenso se encuentra esta fuente, o mejor dicho, lo que queda de ella. El barranco, tras una pendiente suave al principio, desciende luego rápido dejando a la derecha la zona conocida como Valdelobos y a la izquierda la de Majallana. Justo en ese punto de cambio, y junto a una nave abandonada que otrora sirvió para guardar ovejas, se encuentra una zona de umbría donde aun pueden verse los restos de la en otros tiempos abundante fuente.

No lejos, y en la ladera que mira al mediodía, surge otra fuente, la del Asperón; ambas sirvieron para abastecer las necesidades de una pequeña aldea que desapareció hace muchos siglos sin dejar rastro alguno. Se trata del poblado de Valdehita, que dio nombre al barranco –o viceversa- y Fuente de la Rana perteneció a Brihuega. La escasa gente que lo habitó se dedicaba a hacer carbón aprovechando la abundancia de leña en la zona.

De la primitiva fuente, que hoy en día no es tal, sólo quedan unas maltrechas piletas o abrevaderos de ladrillo y ni el más mínimo rastro de agua. Ésta, por uno de esos caprichos de la naturaleza, debió buscar otros derroteros, tal vez por falta del más mínimo mantenimiento en el manantial o en la propia fuente, como consecuencia de la falta de uso. Eso sí, la vegetación crece abundante denotando la frescura del lugar.

Fuente del barranco de Valdelacerrá

Fuente del barranco de Valdelacerrá

Otra fuente que ya no lo es pero que lo fue en su día: No hay rastro del agua que se supone debió manar en ella. Al igual que en otros lugares únicamente queda el vestigio de un pilón de generosas dimensiones adosado a unas rocas, con gran abundancia de zarzas y juncos junto a él, vegetación que evidencia la existencia de agua en el subsuelo y que alguna vez debió manar por su caño.

Se encuentra situada bajo el cerro de La Mora, en el barranco de Valdelacerrá que le da nombre, abierto hacia el valle del Tajuña en su ladera derecha y frente a los Coloraos, cerros de Los Montecillos que van a caer al río en la ladera opuesta. Una plantación de almendros en el lugar pone en primavera una nota de color entre las aliagas, espliegos, tomillos y pastizales que abundan en los alrededores.

Muy cerca, el camino –más bien senda estrecha- que desde Fuencaliente nos lleva a Villaviciosa. Volviendo a la fuente, se observan en el pilón a modo de relieves geométricos realizados en el revestimiento del muro frontal, denotando cierto gusto en el desconocido artífice que la realizó. No hay noticias escritas sobre ella, y sólo he podido recoger algunas vagas referencias por personas que conocen el lugar. Entre ellas la de que dejó de dar agua hace muchos años.

Fuente de Los Pozuelos

Fuente de Los Pozuelos

Y vamos a por la tercera fuente que prácticamente podemos ya dar por desaparecida: la de Los Pozuelos. En la zona alta de Los Yesares, casi al principio de iniciada la barranquera que baja en vertiginosa pendiente buscando el llano previo al cauce del río, podemos ver una masa inextricable de apretadas junqueras, zarzales y espinos que se agarran al pedregal impidiendo acercarse al lugar. La mancha de vegetación es bastante extensa, y denota la humedad existente bajo la superfi cie, evidentemente originada por el agua que concentra la depresión del terreno en ese punto.

Allí, como testigos mudos del pasado, emergen entre la maleza las piletas medio deshechas de lo que fueron abrevaderos para el ganado, que por lógica arrancaban de alguna pila principal o fuente que hoy día ha quedado enterrada por los arrastres del barranco y la abundante vegetación. Aunque como queda dicho la humedad se evidencia por la existencia de la masa de vegetación, no se ve en superfi cie, ni allí ni más abajo, rastro de agua alguna, que debe filtrarse Fuente del Barranco de Valdelacerrá en la roca yesífera tan abundante en el lugar y que hasta casi mediado el siglo pasado se extraía de la cantera que aun puede verse a los pies de la ladera.

El yeso elaborado en los hornos que allí mismo había abasteció en tiempos a la construcción en Brihuega y su comarca. Justamente junto a los cortados hechos en la ladera a pico y pala por aquellos esforzados trabajadores, brotaba un escueto manantial cuyas aguas se recogían en un pequeño pilón, dando lugar a una fuente denominada “de los Yesares”. Seguramente el agua provenía de la que se fi ltraba en la de Los Pozuelos, y al secarse la de arriba corrió la misma suerte la de abajo.

Lo cierto es que durante algún tiempo el agua que allí manaba abasteció a los obreros que trabajaban el yeso, e incluso hay noticias de la existencia de unos pequeños huertos regados con ella. Hoy no queda prácticamente rastro de aquella fuente.

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