Revista nº 13, Febrero 2010

Estándar

Solidaridad con Haití y también con los más pobres

El terremoto de Haití, con cifras inciertas de heridos y muertos hunde a este país hacia la más absoluta miseria. Resulta increíble cómo estando cerca de otras zonas que disfrutan de cierto progreso y bienestar, los avatares de la corrupción y ahora esta tragedia han hecho de esta tierra, potencialmente agraciada, un lugar devastado en su territorio y lastimado en sus gentes.

Es triste ver deambular a personas por las calles sin saber a dónde ir, sin comida, albergues, hospitales, y carreteras por las que no se puede circular por el caos existente.

Ahora, que es actualidad, nos acordamos durante un tiempo limitado, de una zona muy concreta de América, y escuchamos grandes promesas con el fin de conseguir su reconstrucción a medio plazo y una pronta satisfacción de las muchas carencias.

Por este drama hemos vuelto los ojos hacia Haití; pero la verdad es que no es de hoy y no se limita a un terremoto.  Su existencia es una historia de tragedias. Saliendo del dominio y explotación francesa, inicia un camino de tiranías, dictadores y de inestabilidad política. Las crisis políticas, y por supuesto los problemas económicos y sociales se convirtieron en una regla cotidiana.

Y todo esto se puede decir de gran parte de países, especialmente en África, América, Asia y Oceanía, lugares donde organizaciones no gubernamentales, misioneros y numerosos voluntarios anónimos dedican sus esfuerzos y vidas por erradicar tanta miseria e ignorancia.

Si en tiempos de recesión económica, como la que vivimos en España, observamos cómo en la cercanía muchas familias lo están pasando muy mal por pérdida del trabajo, por la escasez de medios o por el temor a reducir su nivel de vida, ¡cuánta no será la miseria y hambruna que padecen millones de “gentes”, que con infinita más intensidad les afecta esta crisis mundial ¡ Pero esto solo lo sentimos cuando sucede una gran fatalidad como esta, y pasados unos meses o quizá días, no vemos ya más imágenes de
pobreza y nos olvidaremos hasta “otra tragedia” de la necesidad y deber de ayudar.

La “Campaña solidaria briocense”, ha tratado de concienciar sobre la oportunidad y el “deber de colaborar con estas gentes”, que están clamando por una vida digna. Proyectos como los de Manos Unidas en zonas de miseria y escasez, o la situación de desamparo e injusticia a la que se ven abocados, especialmente los niños de los Campamentos Saharauis, son objeto de atención y reclamo por parte de los brihuegos; a lo que se ha unido la necesidad de ayudar también a algunas familias que viviendo con nosotros, precisan de nuestra generosidad.

Y esta reciente tragedia hace que por parte de todos se redoblen los esfuerzos para colaborar con organizaciones de reconocido prestigio, que de manos de tanta “gente voluntaria y anónima”, llevan un halo de esperanza a tanto sufrimiento.

Desde Gentes de Brihuega animamos a seguir colaborando con estas entidades y para estos fines, así como en los actos solidarios que en nuestra localidad u otros lugares pudieran convocarse.

Adelardo Ortega Caballero
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