San Juan, la parroquia olvidada

San Juan
Estándar
Esther Escudero Sanz.-
La iglesia de San Juan de Brihuega se derrumbó en los años 60 tras una larga época de abandono. Al parecer, y según cuentan las gentes y las imágenes que conservamos de ella, el desgaste y deterioro era ya tal que nadie pudo al final evitar su caída, provocando además un gran desastre en el que hubo incluso víctimas.

La Iglesia de San Juan

Actualmente, donde se levantaba imponente aquella iglesia, hay ahora un solar, lleno de escombros, donde algunos vecinos y visitantes aparcan sus coches sin ningún orden.

Cuando uno tiene la oportunidad de ver las imágenes antiguas donde aparece la iglesia de San Juan, se da cuenta del deterioro en sus tejados, en sus muros… y de hasta qué punto era imponente en aquella placita, con esa gran torre que pudo medir más de 12 metros, imaginando por tanto el daño que pudo hacer su derrumbe.

Para traer a la memoria esta iglesia y reconocer al fin su importancia histórica y artística, debemos remontarnos a los inicios de Brihuega. Unos casuales hallazgos por parte de un hortelano en la vega del río en el año 1904, nos hablan de la aparición de unas pequeñas vasijas que contenían cenizas y algunos huesos. Don Antonio Pareja Serrada, ilustre historiador briocense, hizo unas “humildes excavaciones” en la zona determinando que no podía saberse de qué época eran ni certificar que se tratase de antiguas incineraciones.

En una misma comunicación que tuve la oportunidad de hacer en estas mismas jornadas hace tres años (y que también fueron publicadas aquí), pude constatar que, casi sin lugar a dudas se trataban de enterramientos funerarios de época celtíbera, ya que coincidían los hallazgos con el tipo habitual de rituales de aquellos pobladores. No han llegado hasta nosotros ninguna de esas vasijas ni se tiene ningún tipo de mapa o informe de lo que se encontró, lamentablemente.

Partiendo además de la base de que no se tiene tampoco ninguna información de un posible asentamiento romano en Brihuega, tenemos que certificar que, si bien aceptamos que hubo población celtíbera en la zona, sólo podemos hablar de Brihuega como lugar habitado ya en los siglos de ocupación musulmana. El castillo de Brihuega, bien estudiado por historiadores durante años, se ha considerado definitivamente de época califal, de entre los siglos IX y X aproximadamente. Sabemos que fue residencia de un monarca musulmán y que además se lo cedió a Alfonso VI en tiempos de Reconquista. ¿Pero entonces cuándo nace la iglesia de San Juan?

Según la “Crónica General” que mandó escribir Alfonso X el Sabio, el proceso de repoblación que se llevó a cabo en Brihuega fue a manos del Arzobispo Don Juan en el siglo XII. Al parecer, y partiendo de la existencia previa del castillo y de una primitiva plaza para los mercados, ensanchó la villa por su vertiente sur-oeste (coincidiendo con la ladera encrespada en la que se asentaba la fortaleza) y en zona norte, en las “tierras altas”. En ambos casos parece claro que su intención era que la gente se asentase en lugares cercanos a áreas agrícolas en las que trabajar las tierras. El barrio de San Pedro (bajo el castillo) suponía un lugar ideal desde el cual organizar cultivos de regadío dada la cercanía de la vega del río. El barrio de San Juan, en la parte alta de la villa, sería un lugar desde el cual sus pobladores podrían acceder fácilmente a los terrenos más amplios de grandes cosechas que se encuentran en esa zona: anchas llanuras con menos acceso a riego y que parecían un lugar fértil de cara a cultivos de cereales, por ejemplo.

Interior de la parróquia de San Juan.

Así, el arzobispo Don Pedro, organizó la vida de la villa en 2 zonas diferenciadas y creó una iglesia parroquial para cada una, llevando la advocación de los santos correspondientes a cada barrio: San Pedro y San Juan.

Centrándonos en el barrio más alto, el de San Juan (el que ahora conocemos como “barrio nuevo”), parece que la disposición de viviendas en torno a una pequeña iglesia, sería lo más acertado. Ese pequeño templo, estando en el siglo XII, no habría de ser construido sino en estilo románico. Según las fuentes que nos hablan de esa primitiva iglesia de San Juan, sería de una sola nave, con bóveda de cañón, arcos fajones de refuerzo, ábside de testero semicircular y tejado simple a dos aguas. Sabiendo además de la importancia de un pórtico lateral en el costado sur de las iglesias de su tiempo, tenemos que pensar en que tuvo que tener alguno, no necesariamente de piedra, quizás de madera, que diera sombra en ese lado del templo y proporcionara un lugar de reunión para las gentes de la zona, como bien solía hacerse en esos siglos.

La puerta que daría acceso al templo sería solamente una, bajo ese pórtico lateral, y hecha también al estilo románico, de medio punto con arquivoltas y quién sabe si con un parteluz que dividiera una puerta simple en una doble.

La enorme torre que poseía San Juan debía ser también de aquella época. El material con el que se había realizado no parece corresponderse con los sillares que tuvo más tarde la iglesia en su reedificación en el siglo XVII. No sólo parece un material de color más oscuro sino además no tan bien tallado como los sillares posteriores. Por otro lado, parece muy lógico que, siendo la zona más alta de la villa, si además poseía una enorme torre que tuvo que alcanzar los 12 metros al menos, era como una atalaya de vigilancia desde la que dominaría todo el valle.

Así, en torno al siglo XII, tenemos que pensar en una villa medieval, con castillo, dos barrios (alto y bajo) y una plaza central que articula estos ferias, tal como se puede comprobar en el texto del Fuero de Brihuega.

En principio no se tienen más noticias sobre la iglesia de San Juan, hasta la llegada a Brihuega del Cardenal Tavera. En pleno siglo XVII se interesa por la villa y decide hacer “mejoras” en los templos que allí encuentra, tales como la iglesia de Santa María, San Felipe, San Miguel y la de San Juan.

Al parecer, este Cardenal se encuentra ya una iglesia con algo de deterioro y decide rehacerla casi por completo, “hasta los cimientos” según indican las fuentes. Así, suponemos que destruyó el templo románico original (excepto la torre, como bien hemos dicho) y levantó uno nuevo, con otro material mejor labrado, de sillares más isódomos (regulares). Sus dimensiones serán más o menos las mismas, con 4 contrafuertes en su lado sur para soportar el peso y el ligero desnivel de la plaza, con una nueva puerta más clásica (con frontón triangular y ninguna decoración) y un interior de bóvedas de estilo renacentista todas encaladas en blanco y formando molduras con alguna mínima intención decorativa. Diremos además que resulta más que probable que se reutilizaran materiales del templo anterior, aunque si presuponemos que la iglesia románica estuvo hecha del mismo material que la torre, no se hallan en el nuevo edificio más que algunos sillares de aspecto más oscuro que el resto. Por tanto, debemos suponer que la nueva iglesia del XVII sería de nueva factura y con un nuevo estilo más clásico.

Se añadiría además una sacristía en el lado norte del templo, con acceso desde el ábside interior, y se dejaría la parte baja de la torre habilitada como capilla también, es decir, se preparó ese espacio para recibir la advocación de algún santo o virgen (ya veremos quían compra ese espacio posteriormente).

Detalle de los restos de una cúpula.

Según algunas fuentes, cuando se derriba la anterior iglesia románica en aquel tiempo, aparecieron “unas piedras huecas con relieves de figuras de hombres y mujeres de postura muy indecente y vestidos a lo romano con otras historias gentilicias”… No sabemos en absoluto a que se puede referir el texto con esas “piedras huecas”, por lo que podría estar hablando de unos sillares decorados, unos capiteles o incluso unas urnas funerarias con relieves.

Tenemos además que pensar que fueron de nuevo enterradas y que deben de corresponderse con las que se encontraron en los años 80 cuando desescombraron la plaza de los restos del derrumbe. Según se dice, hubo unas excavaciones en las que se encontraron unas urnas o lápidas antiguas. Tampoco tenemos más información sobre ello.

En la nueva iglesia del XVII, probablemente casi justo bajo la torre, se emplazaría la “Capilla de la Virgen de la Zarza” cuya propiedad pasó a ser del genial músico Sebastián Durón (1660-1716) hijo del pueblo de Brihuega. Éste pagó por su mantenimiento y privacidad, por ello unas letras que se conservaban en el arco de acceso recordaban la propiedad de dicha capilla.

Nuestra Sra. de la Zarza

La siguiente noticia importante la tenemos en el año 1900, cuando sabemos que San Juan dejó de ser definitivamente parroquia de Brihuega, aunque sí que se seguían haciendo determinados cultos. En el periódico de tirada quincenal “El Briocense” (de corta vida, ya que sólo duró unos 3 o 4 años) y que empezó a difundirse en el 1904, no aparecen ya menciones a San Juan, ni siquiera de forma anecdótica. Se cuentan tragedias como el incendio que sufrió San Felipe (y las cantidades de dinero que aportaban algunos vecinos de la villa). También se habla de San Miguel, de su deterioro, de que no puede sucederle lo mismo que a San Felipe… Hay en el pueblo muchas ganas de actuar, reconstruir, guardar para tener. Entonces… ¿qué pasaba con San Juan? En varios números de ese periódico en ningún momento nadie se plantea hacer algo con la iglesia que, en aquella época, ya tendría que tener deterioro suficiente para querer hacer algo. Pero desde luego, ni siquiera supuso entonces ni una pequeña columna escrita en el quinquenal.

Así, a mediados de los años 60, la torre finalmente cayó, derribando el resto del templo en su caída y algunas casas aledañas, provocando incluso víctimas mortales, como bien dijimos al principio. Su estado de deterioro debió ser tal que sólo quedaron en pie algunas paredes de las nuevas y gran parte de la capilla de Durón. Y desde entonces, el lugar ha sido dejado casi como escombrera, hasta los años 80, cuando sabemos que hubo unas labores de “desescombro” y cuando, al parecer, se llevaron a cabo unas someras excavaciones en las que aparecieron de nuevo algunas lápidas antiguas. Pero esto son meras especulaciones, puesto que aún no he podido encontrar informes ni noticias escritas sobre ello.

Vista general desde la fábrica de paños.

Para finalizar, quiero remarcar la honda pena que producen noticias así. Edificios con historia, con vida, que se acaban abandonando por falta de dinero o interés. Afortunadamente hoy en día hay muchas cosas que se pueden hacer para traer a nuestra memoria estos sitios, entre ellas la de intentar saber un poco más sobre esa historia, descubrir más restos que nos hablen directamente de aquel pasado glorioso, y poner de nuevo ante nuestros ojos (ya sea en imágenes, ya sea con estructuras arqueológicas) los restos de aquella iglesia que quizás nunca debería haber desaparecido.

BIBLIOGRAFÍA:

  • J. CATALINA GARCÍA: “El Fuero de Brihuega”, edición transcrita y con comentarios de 1887.
  • J. SIMÓN PARDO: “Estampas Briocenses”, Diputación Provincial de Guadalajara, 1987.
  • J. SIMÓN PARDO: “Brihuega, hitos, mitos y leyendas”, Ayuntamiento de Brihuega, 1991.
  • F. LAYNA SERRANO: “La Arquitectura románica en la provincia de Guadalajara”, 1971.
  • B. PAVÓN MALDONADO: “Guadalajara Medieval: arte y arqueología árabe y mudéjar”, CSIC Instituto Miguel Asín, Madrid 1984.
  • VVAA: “Boletín de la Sociedad Española de Excursiones”, Tomo I, 1894.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s